Biblioterapia: Los libros que sanan.

En el último tiempo, ha proliferado un modelo de terapia que resulta ideal para cualquier amante de la lectura: la biblioterapia. La dinámica es bastante sencilla: el terapeuta o profesional elegido, procede a recomendar la lectura de libros cuya temática se enfoque en temas que se asemejan a los vividos por el paciente.

De esta manera,  el propio paciente puede realizar una tarea de introspección, mirar su situación desde nuevos puntos de vista o descubrir nuevos enfoques de los mismos. Es decir, que en la biblioterapia se contempla no sólo la lectura sino también al comentario que le es adicional. Esto conduce a la reflexión y al encuentro de múltiples verdades.

Al parecer, la biblioterapia ha dado resultados sumamente positivos en pacientes con dificultades para comunicarse, ya que muchas veces, al ver reflejado su sentir en las lecturas, se genera una especie de catarsis en el sentido de una liberación que lleva a expresar sus sentimientos, miedos, angustias y ansiedades.

Es importante manifestar que la disciplina no está considerada como sustitutiva de la medicina tradicional,  sino como un proceso de desarrollo personal o como un proceso clínico de cura. Por lo tanto existen 2 tipos:

  • Biblioterapia clínica: Se aplica en hospitales y clínicas. Participan médicos, psicoterapeútas y bibliotecarios. El objetivo es que los pacientes modifiquen actitudes y comportamientos. Están orientados a personas que padecen trastornos del estado de ánimo, TDAH o TCA; y los libros que se utilizan aportan información sobre alguna temática en concreto, para facilitar la focalización en un aspecto determinado de la realidad del paciente.
  • Biblioterapia para el desarrollo personal: Se aplica en escuelas, bibliotecas públicas. Aquí el bibliotecario actúa como educador y el apoyo literario personalizado es imprescindible para ayudar a una persona. Esta literatura se basa en la propuesta de métodos de autoayuda, que contienen ejercicios o tareas de aprendizaje personal.

Efectos de la Biblioterapia

Distraer la mente: Cuando nos sumergimos en la lectura de un libro, dejamos de lado nuestras preocupaciones diarias para centrarnos de lleno en esa narración. De esta manera, conseguiremos evadirnos al menos por un rato de nuestra realidad y nos estaremos desconcetando de nuestros miedos y constantes pensamientos.

Tener una mirada mas positiva: La biblioterapia, en ciertas ocasiones, ofrece la posibilidad de desdramatizar la situación que podemos estar viviendo. La ficción contribuye a no sentirnos solos y a compartir nuestros problemas y pensamientos con los propios personajes. Hace que veamos la vida de otra forma, con más perspectiva, serenidad y capacidad de reflexión. Al leer y sentirnos identificados con la ficción, podemos obtener inspiración y movilizar la suficiente energía como para salir adelante.

Desarrollar empatía: La capacidad de ponerse en la piel de los demás, de entender aquello por lo que estan pasando, es eminentemente social. Sin embargo, para desarrollarla no hace falta estar rodeados de personas continuamente. Un ejemplo de ellos es la biblioterapia, gracias a la cual las letras se convierten en una simulación de la realidad.

No más depresión y ansiedad: La lectura enfocada al tratamiento de ansiedad y depresión ha dado excelentes resultados. De hecho, el National Institute for Health and Care Excellence (NICE), recomienda la biblioterapia para los trastornos depresivos y de ansiedad ya que, según dicho organismo, se puede considerar una terapia cognitiva- conductual de baja intensidad para casos leves.


¿Qué libros se recomiendan?

Muchas personas tienden a identificar la biblioterapia unicamente con los libros de autoayuda o desarrollo personal; y, si bien estos entran en los recomendados, también se encuentran libros de ficción y literatura imaginativa y didáctica.

Segun informa el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC), novelas como por ejemplo, Harry Potter ayudan a los lectores a superar prejuicios hacia grupos historicamente discriminados. O libros como El Principito para crecer y aceptarse a uno mismo o El gran Gatsby para superar problemas de exclusión y aislamiento.

Los libros de autoayuda se integrarían dentro de un tipo de «biblioterapia» de desarrollo en la cual el lector, se inclina por encontrar soluciones a su problema usando este tipo de libros, en la búsqueda del remedio y sin llegar a salir fuera porque cree que puede solucionar su problema por sí mismo.


¿Qué le pasa al cerebro cuando lee?

Si al leer nos transportamos y entramos en lo que el libro nos cuenta, si nos imaginamos y de alguna manera vivimos la historia de sus personajes aunque permanezcamos encerrados en nuestra habitación, algo debe suceder en nuestros cerebros que lo permita.

La mejor manera de reconocer aquellos que se produce en nuestros cerebros al leer es mediante las pruebas de neuroimagen, es decir, técnicas que discriminan las áreas cerebrales que se activan al leer determinada narración. Desde hace décadas, se ha estado estudiando los procesos que se activan en el cerebro de una persona al leer y se ha llegado a algunas conclusiones.

En el año 2006, investigadores españoles en la universidad Jaume I de Castellón realizaron un estudio en el que dieron a leer diversas palabras a una serie de voluntarios mientras les practicaban una resonancia cerebral.

Algunas de esas palabras evocaban olores intensos, se hacía pensar a los voluntarios en palabras como ajo, canela o jazmín, mientras otras eran palabras neutras, sin ningún tipo de olor asociado. Lo que obtuvieron como resultado fue que, al leer, todas ellas activaban las áreas cerebrales responsables del lenguaje, pero las primeras hacían trabajar además a las áreas olfativas, las responsables de oler en la realidad.

Otras investigaciones similares concluyeron que, al leer, de alguna -cerebral- manera, reproducimos lo que las palabras evocan del mundo real. Esto quiere decir que cuando leemos palabras como agarrar o jalar, se activan áreas de la corteza premotora relacionadas con los brazos y las manos. Mientras que al leer palabras como besar o sonreír, son las áreas de la cara las que se activan.

De ahí que nos hacemos el siguiente cuestionamiento: si al leer reproducimos lo que sería la historia en la realidad, y si son tantas las variantes a las que podemos acceder, ¿podría de alguna manera la lectura entrenarnos para la vida real?

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