El coronavirus: Un riesgo para la democracia

La pandemia puso al desnudo muchas carencias en el plano ético y democrático de nuestra sociedad.

El mundo ya es otro y América Latina no es la excepción. El COVID-19 representa un punto de inflexión en nuestra historia y por eso, resulta fundamental comprender cómo procesan nuestras sociedades este fenómeno inaudito.

Sin lugar a dudas, en los meses que llevamos de aislamiento social, el Estado se ha visto tentado a algunas conductas que debilitan el sistema político y la libertad de los ciudadanos, y de confirmarse, producirán una regresión autoritaria.

La llamada ‘grieta’ -que ya existía pero se ha visto profundizada ante el contexto de coronavirus- se funda hoy en una disputa por el poder vinculada a la falsa dicotomía entre salud y economía. Esta disputa por el poder se esconde entonces, bajo la sombra de la decisión ética de privilegiar la salud por sobre la actividad económica y viceversa.

Si bien no debería haber espacio para sacar provecho político de esta emergencia, ni para alimentar la grieta, determinados hechos respecto a la calidad y funcionamiento del sistema político, derechos y libertades, nos invitan a permanecer alertas y vigilantes.

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Elecciones aplazadas:

Ya en 2018, solo uno de cada cuatro latinoamericanos decía estar satisfecho con la democracia y en el 2019 la región presenció: una elección manipulada (Bolivia), una elección extraordinaria (Perú), una elección suspendida (República Dominicana), una elección que no se llevó a cabo (Haití) y una elección sin resultados (Guyana).

En la actualidad, todo pareciera indicar que la pandemia podría deteriorar aún más la confianza de la población en el poder político. Este año, más de 50 elecciones fueron reprogramadas en el mundo, mientras que en nuestro Continente, ha pasado con las departamentales y municipales de Uruguay previstas para el 10 de mayo, con las de primarias y departamentales de Paraguay del 12 de julio y 8 de noviembre respectivamente, con el plebiscito de Chile del 26 de abril y con las generales de Bolivia del 3 de mayo.

En definitiva, el contexto actual, marcado por la pandemia y la crisis económica global, representa el caldo de cultivo perfecto para que un proceso electoral defectuoso devenga en una crisis política profunda

La pandemia ha puesto al desnudo carencias en el plano ético y democrático, que llevaban ya décadas de gestación y nos ha puesto ante un espejo roto, que refleja por un lado, los límites de un capitalismo financiero voraz y el fracaso de nuestras instituciones.

¿Está en riesgo la Democracia?

La organización Varieties of democracy (V-Dem) analizó qué países tienen peligro de regresiones democráticas en el marco del COVID19. Las variables que utilizó fueron:

  • Gobernar a través de decretos especiales que otorgan poderes al ejecutivo que no están claramente delimitados.
  • Dotar de poderes especiales al ejecutivo que no puedan ser retirados por el congreso o la corte.
  • Otorgar medidas especiales a las fuerzas de seguridad por medio de figuras como la suspensión de derechos o los toques de queda.
  • Suspender indefinidamente a la legislatura.
  • Suspender indefinidamente a la Corte.
  • Usar las medidas de emergencia para limitar la libertad de expresión.
  • Incluir criterios considerados discriminatorios en las medidas de distanciamiento social.
  • Incluir restricciones innecesarias en las campañas electorales o en el ejercicio del derecho al voto cuando sea necesario suspender elecciones.

Los resultados fueron los siguientes: de los 129 países analizados, hay 48 que se encuentran en alto riesgo de regresión democrática, 34 que tienen un riesgo medio y 47 que no tienen riesgo. 

El estudio muestra que más de 1/3 de los países encuestados presentan una regresión en el régimen democrático entre los que se encuentran: Brasil, Bolivia, Perú, Paraguay y Venezuela. En los 34 países clasificados como de riesgo medio para la democracia están: Argentina, Estados Unidos, Colombia, Rusia y España. Mientras que en el último grupo se encuentran algunos países como: México, Canada, Uruguay, Chile y Australia.

¿Cómo influye la dicotomía entre salud y economía?

Dos grandes líneas de política económica frente a la pandemia se desarrollaron a nivel global: por un lado la intervención del Estado para salvaguardar la salud en una subordinación de la economía hacia las necesidades humanas y por el otro, la regresión del Estado con el aparente fin de prevalecer el normal flujo económico.

Los países asiáticos hasta ahora, han demostrado la mayor efectividad en el control de la pandemia en comparación de otros países como Estados Unidos donde se intentó continuar con el normal funcionamiento sin ejercer demasiadas restricciones en la sociedad. E incluso en algunos casos, como en el Reino Unido, ya tuvieron que volver sobre sus pasos y tomar medidas de aislamiento más tarde que otros países.

Asimismo, la gestión de esta situación extraordinaria va a propiciar una inevitable comparación entre la capacidad de respuesta de las democracias liberales y la que han demostrado las autocracias políticas, como es el caso de China, o los gobiernos de corte epistocrático, como es el caso de Singapur. 

Las grandes crisis que sacuden a las sociedades nos colocan ante una pregunta fundamental: cómo (sobre)vivir juntos.  Desde aquí creemos que como sociedad deberíamos permanecer alertas en la búsqueda por evitar que la democracia y las elecciones formen parte de la población de riesgo de esta amenazante pandemia.

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