Deleuze y Guattari | Capitalismo y Esquizofrenia

El proyecto capitalismo y esquizofrenia emprendido por el filósofo francés Gilles Deleuze y el psicoanálista Félix Guattari configuró el sistema de pensamiento básico de un nuevo modo de entender la política, el psicoanálisis y la sociedad.

En la entrevista publicada en italiano como Capitalismo e schzophrenia, Deleuze explica cuál ha sido el punto de partida y el motor del pensamiento para crear El Anti-Edipo, obra producida con Guattari en 1972. Ambos pensadores marcan la diferencia con el psicoanálisis tradicional y proponen una nueva comprensión del deseo.

 ‘Joker’ , la película del cineasta Todd Phillips es un claro caso donde los dos polos -el capital y la locura- se cruzan.
A través del personaje del Jocker puede advertirse la esquizofrenia del sistema.

CAPITALISMO Y ESQUIZOFRENIA *

* Fragmento de la entrevista publicada en italiano como Capitalismo e schzophrenia, entrevista con Vittorio Machetti, Tempi Moderni n° 12, 1972, pp. 47-64.

 

Pregunta.- El Anti-Edipo lleva por subtítulo Capitalismo y esquizofrenia. ¿Por qué razón? ¿De qué ideas fundamentales partieron?

Gilles Deleuze.- La idea fundamental podría ser ésta: el inconsciente «produce». Decir que produce significa que hay que dejar de tratarlo como se ha hecho hasta ahora, como una especie de teatro en el que se representaría un drama privilegiado. Pensamos que el inconsciente no es un teatro sino más bien una fábrica. Artaud dice a este respecto algo muy hermoso: que el cuerpo, y en especial el cuerpo enfermo, es como una fábrica al rojo vivo. No un teatro. Decir que el inconsciente «produce» significa que es una especie de mecanismo que produce otros mecanismos. Es decir, que, según nosotros, el inconsciente no tiene nada que ver con una representación teatral, sino con algo que podríamos llamar «máquinas deseantes». El mecanismo como teoría biológica nunca supo comprender el deseo. Lo ignora desde su mismo fundamento, porque no puede integrarlo en sus modelos. Cuando hablamos de máquinas deseantes, del incopnsciente como un mecanismo de deseo, queremos decir algo completamente distinto. Desear consiste en esto: interrumpir o dejar correr ciertor flujos, hacer extracciones de flujos, cortar las cadenas que retienen los flujos. Todo este sistema del deseo que circula, que se interrumpe, que deja manar, este sistema estrictamente literal del inconsciente, contrariamente a lo que piensa el psicoanálisis tradicional, no significa nada. No tiene sentido, no hay que darle interpretación alguna, no quiere decir nada. El problema es saber cómo funciona el inconsciente. Es un problema de uso de las máquinas, de funcionamiento de las «máquinas deseantes».

Guattari y yo partimos de la idea de que el deseo no podía comprenderse más que a partir de la categoría de «producción». Es decir, que había que introducir la producción en el deseo mismo. El deseo no depende de una carencia, desear no es carecer de algo, el deseo no remite a una Ley, el deseo produce. Es pues, lo contrario de un teatro. Una idea como la de Edipo, de la representación teatral de Edipo, desfigura el inconsciente, no expresa nada del deseo. Edipo es el efecto de la represión social de la producción deseante. Incluso al nivel del niño, el deseo no es edípico, funciona como un mecanismo, produce pequeñas máquinas, establece vínculos entre las cosas. Todo esto significa, con otras palabras, que acaso el deseo es revolucionario. Lo que no quiere decir que desee la revolución. Es aún más: es revolucionario por naturaleza, porque construye máquinas que, insertadas en el campo social, son capaces de hacer saltar algo, de desplazar el tejido social. Por el contrario, el psicoanálisis tradicional lo ha reducido todo a una especie de teatro. Exactamente como si se tradujese mediante una representación de la Comédie Française algo penteneciente al hombre, a la fábrica, a la producción. El inconsciente como productor de pequeñas máquinas del deseo, deseantes, ha constituido, por el contrario, el punto de partida de nuestro trabajo.

 

Pregunta.- ¿Por qué entonces, Capitalismo y esquizofrenia?

Félix Guattari.- Para subrayar los extremos. Toda la existencia humana se ha reducido a las categorías más abstractas. De un lado el capital y del otro, o quizás en el otro polo del sinsentido, la locura y, dentro de la locura, justamente la esquizofrenia. Nos parecía que estos dos polos, en su tangente común de sinsentido, guardaban relación. No solamente la relación contingente, según la cual puede afirmarse que la sociedad moderna enloquece a la gente. Es mucho más que eso: para dar cuenta de la alienación, de la represión que sufre el individuo cuando cae presa del sistema capitalista, y también para entender la verdadera significación de la política de apropiación de la plusvalía, hemos de poner en juego conceptos que son los mismos a los que habría que haber recurrido para interpretar la esquizofrenia. Hemos tomado en consideración estos dos polos extremos, pero es obvio que todos los términos intermedios han de ser examinados también, ya se trate de la forma de afrontar las neurosis, de estudiar la infancia o las sociedades primitivas. Todos los temas de los que se ocupan las ciencias humanas están cuestionados. Pero, en vez de establecer una especie de coexistencia de todas las ciencias humanas, unas en relación a otras, hemos puesto en relación el capitalismo y la esquizofrenia. Y ello para intentar abrazar el conjunto de los campos y para no limitarnos a una serie de pasajes de un campo a otro. (…)

 

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