El primer ataúd hecho de hongos que devuelve los nutrientes humanos a la naturaleza

Durante milenios, los seres humanos se creyeron el centro del universo, el pueblo elegido que había heredado la Tierra. Después, el relato comenzó a cambiar. Las teorías evolutivas mostraron que compartíamos ancestros con todos los animales que pueblan el planeta y los astrónomos nos colocaron en las afueras de una galaxia entre miles de millones. Pero los científicos, que no sienten aversión hacia el ego humano sino más bien al contrario, tras sacarnos del centro de la creación han intentado entender qué nos separa del resto de los seres vivos, qué nos hace especiales.

Nuestra reacción ante la muerte parece uno de esos rasgos. Durante miles de años se han desarrollado infinidad de diversos ritos funerarios para honrar a los muertos, dar respuesta a la necesidad de decir adiós y de enfrentar la muerte.

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Desde aquí creemos que es realmente estimulante y una gran noticia que nos estemos acercando a la idea de “entierros verdes”, entendidos como ritos funerarios y entierros mas respetuosos con el medio ambiente y la naturaleza.

En este sentido, una empresa de los Países Bajos está cambiando la forma en que percibimos la muerte. Tomando el ataúd tradicional y rediseñándolo a partir de materiales naturales, han creado un producto que completa el círculo de la vida. Loop es un ataúd viviente hecho de micelio de hongos, que permite que la estructura se biodegrade en solo 30 a 45 días.

Loop: el ataúd biodegradable hecho de micelio de hongos

Creado por Bob Hendrikx, investigador de TU Delft, este ataúd viviente fue diseñado con el fin de neutralizar las toxinas del cuerpo y ayudar a la biodiversidad, propiciando nueva vida. Hendrikx ha contado que siempre se ha sentido fascinado por el uso de materiales vivos en el diseño y ha trabajado en el pasado en estrecha colaboración con directores de funerarias para aprender pormenorizadamente sobre el proceso del entierro antes de crear Loop.

El micelio fue seleccionado como material para Loop después de una muy cuidadosa consideración de sus propiedades. Es un material que crece bajo tierra en la raíz de árboles, plantas y hongos, y proporciona nutrientes a lo que habita por encima del suelo. También ayuda a neutralizar las toxinas del suelo, convirtiéndola en la sustancia idónea para crear un lugar para el descanso final. 

“El “Ataúd viviente” (The Living Cocoon) nos permite a las personas, una vez que dejemos de habitar el mundo, volver a ser uno con la madre tierra y enriquecer el suelo, en lugar de contaminarlo”, dice Hendrikx. Por lo general, un cadáver humano puede tardar más de una década en descomponerse dentro de un ataúd tradicional, según las condiciones. El ataúd en sí, que está barnizado y tiene accesorios de metal, puede tardar aún más.

Este “ataúd viviente” ayuda a la descomposición contribuyendo activamente al compostaje, los investigadores consideran que puede acelerar el proceso a solo dos o tres años. Un dato cursioso, es que la investigación inicial ha llegado a demostrar que la naturaleza absorbe el ataúd en solo 30 a 45 días, cuando se usa en condiciones climáticas normales en Países Bajos.

Desarrollado en colaboración con la Universidad Tecnológica de Delft y el Centro deBiodiversidad Naturalis, el Capullo Vivo posee un lecho de musgo lleno de micelio, raíces de plantas y un exuberante ecosistema de microorganismos. El ataúd se encuentra actualmente a la venta en los Países Bajos, y se ha utilizado para un entierro en La Haya.

Hasta la fecha, Loop ha fabricado únicamente diez ataúdes vivientes a un precio de unos 1.250 euros cada uno, pero todo parece indicar que su precio bajará una vez que se extienda su uso.

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