La virtud moral más elevada para Darwin

Se ha hablado mucho de la gran contribución de Darwin al pensamiento evolucionista: la selección natural, que consigue explicar la creación espontánea de formas vivas complejas a partir de las simples, y la diversificación de las especies. Esta idea de la evolución biológica a través de la selección natural, es bien conocida, y fue desarrollada en su obra El origen de las especies (1859) con numerosos ejemplos extraídos de la observación de la naturaleza. 

Esta teoría de la selección natural de Darwin ha sido frecuentemente interpretada y difundida como una justificación biológica de que la agresividad sea un principio organizador de la vida, y también ha sido utilizada para justificar ideologías políticas y económicas que sustentan sistemas opresivos e injustos, llevando a una especie de “naturalización del mal”. 

Sin embargo, es lamentablemente muy poco leída su obra El origen del hombre y la selección en relación al sexo (‘The Descent of Man and Selection in Relation to Sex’), sobre todo si la comparamos con su obra más conocida.

En el capítulo tercero de El origen del hombre y la selección en relación al sexo. Darwin consideró que la compasión a todos los seres sintientes es una de las más nobles virtudes que puede adquirir el ser humano. Es decir, se trata de ese “algo más” que hace falta a los biólogos, los filósofos y a los seres humanos en general: extender la compasión hacia el resto de los seres sintientes.

Según Darwin, la virtud moral más noble, es sentir compasión por todos los seres sintientes.

Desgraciadamente la experiencia nos muestra cuánto tiempo se necesita para que lleguemos a considerar como semejantes nuestros a los hombres de otras razas, que presentan con la nuestra una inmensa diferencia de aspecto y de costumbre. La simpatía que alcanza más allá de los límites del hombre, es decir, la compasión por los animales, parece ser una de las adquisiciones morales más recientes. Exceptuando la que sienten por sus animales favoritos, es desconocida por los salvajes. Los abominables espectáculos de los circos prueban cuán poco desarrollado está este sentimiento entre los antiguos romanos. Esta virtud, una de la más superiores en el hombre, parece ser resultado accidental del progreso de nuestras simpatías, que, haciéndose más sensibles cuanto más se extienden, acaban por aplicarse a todos los seres vivientes. Una vez honrada y cultivada por algunos hombres, se propaga por la instrucción y el ejemplo entre los jóvenes y se divulga luego en la opinión pública.

Charles Darwin, El origen del hombre y la selección en relación al sexo.



Existe una notable coicidencia entre Darwin con tradiciones muy antiguas del budismo en torno a la idea de la “compasión por los seres sintientes”. Para el budismo, el “bodhisattva” es un ser humano que logra la más grande virtud de todas: ser capaz de sentir compasión por todos los seres sintientes. Es curioso que Darwin haya llegado a la misma conclusión desde un mundo tan diferente. ¿No deberíamos deternos y escuchar?

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