Sobre la mentira de “ser tu propio jefe” y la precarización laboral en América Latina

Los cambios en el mundo laboral se encuentran ligados al ritmo de las grandes mutaciones del capitalismo global; y, las nuevas modalidades de relación laboral se originan a través del amplio espectro de las plataformas digitales.

En estos tiempos, y tras una serie de clics en la pantalla de nuestro móvil, podemos ordenar comida para que una persona en moto o bicicleta, traiga el pedido a nuestro hogar de forma casi inmediata. La rapidez de la operación en comparación con la forma tradicional de pedir delivery nos maravilla y preferimos no pensar en el lado oscuro presente en cada compra que realizamos.

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Aplicaciones como Rappi, Glovo y Pedidos Ya, comparten una serie de características en sus formas de inserción en el mercado, en el origen externo de sus capitales, en sus modalidades de organizar y gestionar el trabajo, así como también en las formas de explotación y precarización de sus trabajadores, mayoritariamente jóvenes desesperados por obtener un ingreso económico.

Estas empresas, desconocen cualquier tipo de relación y regulación en materia laboral, aprovechándose de la falta de empleo en la región, para enriquecerse aún más.

Bajo el slogan de “se tu propio jefe” se intenta seducir a quienes se encuentran cansados de obedecer ordenes de un superior y ocultar, el lado oscuro de esta modalidad de empleo informal. Y es que la idea de ser tu propio jefe, para estas empresas significa que sus trabajadores no tengan una jornada mínima de horas de servicio, por lo que la explotación pasa a ser interna. Ya no requieren controlar los tiempos en función de la productividad, sino que aprovechan la desesperación de sus trabajadores para mantenerlos durante largas jornadas pedaleando en la búsqueda por llevar unos cuantos pesos más al hogar.

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Por otra parte, los intercambios que se dan dentro de las plataformas enmascaran la externalización de los costos comerciales en los trabajadores, los cuales deben contar con las herramientas necesarias para realizar el trabajo: smartphone con ciertas características, bicicletas o motos. Y hasta deben comprar las mochilas donde se traslada el pedido, a las empresas que llevan su logo. 

La relación entre empleado y usuario es un claro cruce de intereses. Alguien que desea consumir determinado tipo de producto, y otro que quiere realizar la mayor cantidad de viajes a fin de poder recaudar la mayor cantidad de dinero posible. Ninguna de las partes cuestiona cuán ético resulta ese intercambio y de esa manera, la precarización continua legitimándose. Sabemos que somos parte de una relación laboral indigna pero preferimos mirar para otro lado, aprovechar los beneficios y excusarnos con la idea de que, al fin y al cabo, ‘es trabajo’.

Plataformas: desde la precarización laboral hasta el riesgo de perder la  propia vida

Lo cierto es que la actividad de delivery o reparto, se ha difundido tremendamente en los últimos meses. Considerada como esencial en tiempos de pandemia, ha puesto de manifiesto la precariedad laboral de este grupo de trabajadores quienes no solo se ven sumamente desfavorecidos por la relación laboral sino que también, se exponen a contagiarse sin tener cobertura médica o a un mayor número de accidentes viales sin tener un seguro contra riesgos del trabajo.

De la ilusión de ser tu propio jefe a la lucha por una mejor condición laboral de cara al futuro. Lo cierto es que esta historia va para largo.

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