El espectáculo de la crueldad

Un helicóptero, una pileta en una casa de lujo en José Ignacio, Uruguay , alguien que filma y parece reírse con el resultado. El video ya se repitió miles de veces: tiraron un cerdo desde el aire a la pileta del empresario textil Federico Álvarez Castillo, dueño de la marca Etiqueta Negra. El video se hizo viral y el acto fue repudiado en las redes sociales.

¿Estaba vivo? ¿Lo habían comprado y les pareció gracioso ver si lo embocaban en la piscina? ¿Fue una excentricidad de millonarios sin empatía?  

Después del repudio, el propio Álvarez Castillo dijo que le habían hecho una broma de mal gusto. Si es cierto o no, es anecdótico porque a esta altura es un problema penal;  la fiscal uruguaya Ana Dean empezó este miércoles una investigación por este caso de maltrato animal.

Este caso nos lleva a pensar que, cuando la explotación animal destinada para el consumo humano no resulta suficientemente violenta, se recurre a hacer de ella un espectáculo. Este acto de rapiña, que implicó maltrato animal tuvo sin duda, la pretención de ser un espectáculo.

Ilustración de @holaairam

Se trata de una auténtica “pedagogía de la crueldad”, como conceptualiza la antropóloga Rita Segato. Un asesinato moral del animal; lo que sucede diriamente en nuestra cultura llegó a su extremo, se despojó la jurisdicción sobre su propio cuerpo, se designó como cosa, como objeto de despojo y rapiña. Acaso las empresas pueden ser consideradas individuos con derechos y obligaciones (persona jurídica) pero este ser vivo con sintiencia, es un bien que es posible comprar, intercambiar, y hasta incluso tirar desde un helicóptero.

Este acto tan cruel responde a un proyecto histórico que, según explica Segato: “Para esta fase del capital es indispensable que las personas se vuelvan menos empáticas, que sean menos vinculadas. Que el sufrimiento del cuerpo que tengo al lado no vibre en mí. Que se anule la solidaridad que es consecuencia de la empatía. Nos están entrenando para ser menos empáticos y tolerar el presente“.

Tirar un cerdo desde un helicóptero es una demostración de poder de gente con mucho dinero sobre un ser indefenso. “El poder tiene que expresarse por medio de la espectacularidad de la crueldad sobre el cuerpo y el territorio, modo de expresión del control sobre las personas en una fase de dueñidad, de señorío”. Tirar un cerdo de un helicóptero es la expresión de un mundo de dueños.

Sin embargo, este acto tan cruel e inhumano nos lleva a preguntarnos por la industria de la carne. Cada año 7 billones de animales son explotados, maltratados, violentados, mutilados, y asesinados para llegar en bandejas de telgopor -en vez de helicopteros- a platos, -en vez de una piscina-, y para provocar el disfrute del paladar, en vez de una risa como se escucha en el video. Cabe preguntarse entonces, ¿ese mismo cerdo hubiera recibido un mejor trato en el matadero?

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