Un valioso ejercicio para convertir tus pensamientos negativos en acciones positivas

Sin duda alguna, una de las capacidades más relevantes que tenemos los seres humanos, es nuestra capacidad de pensar. El poder de nuestros pensamientos nos acompaña desde el momento que nos levantamos hasta el momento en que nos vamos a dormir. Incluso nos acompaña durante nuestro descanso, y por esta razón es que muchas veces nos despertamos tristes, alegres, enojados o cansados.

Esta capacidad de pensar (que sin lugar a duda nos ha permitido crecer como especie), también es la responsable de muchos de nuestros problemas actuales. Como seguramente hayas oído alguna vez, nuestra mente es un arma de doble filo. Por una lado puede permitirnos realizar grandes cosas, pero por otro puede lastimarnos a nosotros mismos o a quienes nos rodean.

Ataques de pánico, ansiedades, estrés, miedos, preocupaciones y frustraciones no son más que el devenir de un forma particular de pensar. Todo lo que sentimos, todas nuestras emociones no son más que el reflejo en el cuerpo de algún pensamiento. Por esta razón te aconsejamos que cada vez que te sientas triste, enojada/o, temerosa/o o ansiosa/o, preguntate ¿en qué estoy pensando?. Esa será la llave de entrada para comprender la emoción que sientas.

La razón principal que explica la causa de muchos de nuestros pesares, no es más ni menos que nuestra identificación con nuestros pensamientos. Estamos convencidos que somos lo que pensamos, que nuestra existencia se sostiene en la medida en que NO dejemos de pensar. Hemos convertido nuestra capacidad de pensar en una adicción.

Por lo tanto, si te encuentras emocionalmente desequilibrada/o, si sientes que el estrés y las preocupaciones se han convertido en los protagonistas de tu vida, te proponemos 1 ejercicio:

 

Ejercicio : “Acepta, transforma tus pensamientos y recompénsate

Una vez que identifiques un pensamiento negativo, lo primero que debes hacer es aceptarlo. Generalmente cuando un pensamiento negativo aparece, por ejempo: “Soy muy perezoso, nada de lo que me propongo lo concreto”, uno puede identificarse con dicho pensamiento, a tal punto de convertirlo en una verdad interna, o bien puede negarlo. En cualquiera de los dos casos no estarías aceptando el pensamiento.

Es fundamental la aceptación del pensamiento que suscite. No debes juzgar tu pensamiento, ni criticarlo, solo aceptar que ese pensamiento ha aparecido. Por lo tanto una vez que aparezca el pensamiento negativo, espéralo con los brazos abiertos, dale la bienvenida para luego reformularlo. Dicho de otra forma sería como el Akido (arte marticial que utiliza la fuerza del oponente para lograr disminuirlo). Utiliza la energía del pensamiento negativo para transformarla en un propósito positivo. Por ejemplo, si has detectado “Soy un perezoso, nada de lo que me propongo lo concreto”, dentente, has una pausa y acepta el pensamiento que ha surgido, no te he dicho que aceptes el contenido del pensamiento, sino simplemente el hecho de que ese pensamiento haya aparecido. Una vez que lo hayas aceptado, aplicale una toma de Aikido y reformulalo en forma de propósito positivo, por ejemplo: “Soy humano, hoy me propongo concretar tal o cual cosa”. Es importante que el propósito que te propongas sea concreto, específico, realista y definido en el tiempo. Una vez que lo concretes, recompénsate. Valórate el hecho de lograr transformar un pensamiento negativo en un propósito positivo. Puedes recompensarte haciendo algo que te guste, prepárate una comida rica y saludable, sal a hacer ejercicio, escucha una canción que te guste, etc.

 

¡Aplica este ejercicio durante 10 días y fijate los resultados!

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