Según Einstein, esta frase de Schopenhauer le sirvió de guía y consuelo durante toda la vida

El pensamiento de Albert Einstein se inclinó hacia el determinismo. Este se basa en la postura de que el universo está regido por causas y todos los sucesos, incluyendo a nuestros estados mentales, son determinados por leyes preexistentes, imposibles de controlar.

En efecto, esta postura pone en entredicho la libertad. Pero por otro lado, puede traer como consecuencia que las personas acepten la vida como un destino y tal vez que se relajen al ver que ellos no están en control, sino que hay algo -o alguien- supremo que determina sus vidas.

Einstein and Schopenhauer | Stephen Hicks, Ph.D.

Por su parte, Einstein creía en el dios de Spinoza, la Naturaleza misma que estaba regida por principios racionales, por leyes eternas. 

Del famoso libro que recopila la filosofía de vida de Einstein ‘Mi visión del mundo‘, nos llamó la atención el siguiente párrafo:

No creo en absoluto en la libertad del hombre en un sentido filosófico. Actuamos bajo presiones externas y por necesidades internas. La frase de Schopenhauer: “Un hombre puede hacer lo que quiere, pero no puede querer lo que quiere“, me bastó desde la juventud.  Me ha servido de consuelo, tanto al ver como al sufrir las durezas de la vida, y ha sido para mí una fuente inagotable de tolerancia. Ha aliviado ese sentido de responsabilidad que tantas veces puede volverse demasiado en serio, ni a mí mismo ni a los demás. Así, pues, veo la vida con humor.

Arthur Schopenhauer: El hombre puede, acaso, hacer lo que quiere; pero 'lo  que' no puede 'es' querer lo que quiere...

La filosofía de la voluntad de Schopenhauer concibe un mundo determinista, aunque con una particularidad, en la que hay necesidad en todos los actos del individuo, pero la esencia de éste es la Voluntad trascendente: “Ni un átomo podía describir en su vuelo una trayectoria distinta a la que ha descrito, ni un hombre puede obrar de otra manera a como lo ha hecho”.

Para Schopenhauer todo pasa por necesidad, pero esto es el mundo de la representación o el mundo de las apariencias y de lo objetivo. La esencia del sujeto es, sin embargo, la voluntad, una “voluntad libre sin más”, la cosa en sí que, por el principio de razón suficiente, es experimentada como el mundo causal, en el tiempo y el espacio.

Lo que para Schopenhauer es la “Voluntad”, podríamos decir que para Einstein es la Naturaleza o el Dios racional de Spinoza. Sin embargo, Einstein nos habla de una “religiosidad cósmica” y de la sensación del misterio que es la madre tanto de la ciencia como la religión. La frase de Schopenhauer citada es tan importante para Einstein justamente porque permite postular este principio racional trascendente que dirige el cosmos y determina cada acto dentro del mismo, a la vez que le permite cierto consuelo y sosiego ante la pequeñez y la impotencia humana.

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